13
Oct

Negra y criminal. Una cuestión de género*

Diane Wei Liang

Fotografía de Concha Laverán. Publicada en el nº50 de la revista Meridiam.

Nuestra protagonista, víctima de un pasado turbio inmerso en los bajos fondos de la novela de misterio, ha sido acusada de falta de escrúpulos morales y de dejar sin aliento a millones de lectoras y lectores incautos. La novela negra está dejando muchos cabos sueltos; es tan difícil dirimir su catadura literaria como eludir las pasiones que despierta.

Las raíces del género (ni género menor, ni subgénero, ni híbrido o todo a la vez) se asientan en la novela clásica de enigma; los pesos pesados e ineludibles son Edgar Allan Poe (1809) y su Auguste Dupin,  Conan Doyle (1859) y su Sherlock Holmes y  Agatha Christie (1890) y su Miss Marple. Esta última autora marca una línea divisoria en el género, llevándolo hasta sus últimas consecuencias gracias a una obra prolífica y exquisita. Antes de Agatha Christie, entre las pioneras del asesinato y el misterio, se encuentran Anna Katharine Green, la Baronesa de Orczy y Mary Roberts Reinhardt. Y no son casos aislados, aunque suele sorprender, la novela policiaca es un género cultivado con abundancia por mujeres desde el comienzo del mismo. Anne Hocking, Dorothy Sayers, Josephine Tey y Ngaio Marsh, son algunas de las autoras, contemporáneas a la creadora de Miss Marple, que se ganaron la vida con el arte de matar.
Pero este es sólo el comienzo de la historia. En torno a 1926 las novelas de misterio ya no son lo que eran, van tomando un cariz más truculento, más oscuro, y dejan de cumplir los formalismos necesarios para resolver el enigma. En esta época Black Mask, la famosa revista “pulp” de Estados Unidos, publica una serie dirigida de relatos, firmados por los que serán grandes autores de un nuevo género (Dashiell Hammett y Raymond Chandler entre otros). Unos años más tarde, gracias a la recopilación francesa Série Noire, que seguía esta misma línea editorial, empieza a acuñarse el término novela negra.
Siempre hay algún muerto de por medio, pero encontrar al asesino no es ni mucho menos lo más importante. La piedra de toque es el ambiente en el que suceden los hechos: los seres humanos descritos son por naturaleza corruptos y complejos, incluidos los personajes principales, y las redes criminales van desde la política internacional a los barrios más pobres, es decir, la vida misma.
Joseph T.  Shaw director de Black Mask en 1931 consideraba que este tipo de relatos constituían, en su sentido de denuncia, un servicio público.

La novela negra, además de describir con detalle las consecuencias sociales de la crisis económica y moral, profundiza en la psicología de los personajes haciéndolos más creíbles e interesantes. Aunque el esplendor de estas décadas en Estados Unidos y Europa aparezca representado por autores y protagonistas masculinos, la presencia de las autoras sigue siendo contundente. Encontramos así el caso de Margaret Millar (1915, Canadá), una mujer brillante en el género negro, a la altura de los grandes mitos, a la que es difícil seguir el rastro. Quizá por estar a la sombra de otro escritor (estaba casada con Kenneth Millar más conocido como Ross McDonald) no obtuvo un trato justo en el mundo editorial. Treinta títulos y el Premio Edgar en 1956 la avalan, aunque encontrar sus libros sea una labor de detectives. A Beast in View, Do Evil in Return y An Air that Kills son algunas de las obras más recomendadas.

Georgiana Ann Craig, Crai Rice para sus lectoras y lectores, fue la primera escritora de misterio (tampoco lo había logrado ningún hombre) en aparecer en la portada de la revista Times, en 1946. Creadora de personajes masculinos y femeninos fuertes y poco convencionales, tuvo que masculinizar su nombre para alcanzar el éxito.

En 1963, (aunque nació en 1920) aparece en la escena del crimen Phyllis Dorothy James, o P. D. James (otra forma de neutralizar el género) como suelen llamarla. Dio vida al inspector Adam Dalgliesh en Un impulso criminal, (su primera novela) y a la investigadora privada Cordelia Gray (Un trabajo poco adecuado para una mujer, 1972). Varias de sus novelas fueron convertidas en una serie de televisión, y recientemente se ha llevado a la gran pantalla su relato Hijos de los Hombres bajo la dirección de Alfonso Cuarón. The Private Patient, traducida como Muerte en la clínica privada (Ediciones B. 2009), es su última novela del género, por ahora.

Contemporáneas de P.D. James son Ellis Peters, anterior a Umberto Eco en lo que a intriga medieval se refiere, y Ruth Rendell, ambas galardonadas numerosas veces por sus aportaciones literarias. La señora Rendell (1930) es responsable de cincuenta novelas negras de una calidad difícil de cuestionar. Un dato curioso es que gustaba de eleborar nuevos argumentos basándose en clásicos universales. De Crimen y castigo de Dostoyevski creo Carne trémula (1986) que Pedro Almodóvar convirtió en una película en 1997. A pesar de esta trayectoria cuesta encontrar sus obras traducidas al castellano.

En este momento del relato me detendré bruscamente y contendré la respiración, es hora de mirar en todas direcciones por si alguien nos sigue, probablemente no deberíamos atravesar este oscuro callejón…

Aunque me empeñe nunca lograré crear el suspense necesario para presentar al personaje clave de la novela negra escrita por mujeres, y de la novela negra a secas.

Sobre Patricia Highsmith, dicen que “escribe sobre los seres humanos como una araña escribiría sobre las moscas” (Graham Greene).

Patricia Highsmith. Ediciones VintageProfunda, intelectual, perturbadora… se ha escrito mucho (nunca suficiente) sobre ella. Para aquellos y aquellas que lo necesiten para medir el talento, es el único ser humano que cultivando la novela negra a estado nominado al Nobel. Además de esto fue lesbiana, de corte político comunista, dicen que misógina, y pesimista y sombría en sus escritos, pero sobre todo una apasionada de la psicología humana y sus más retorcidos caminos. Creció en medio de unas relaciones familiares complicadas y descubrió su vocación antes de la adolescencia.

Sus personajes son criaturas marginales que se mueven cómodamente en las zonas más borrosas, allí donde no nos gusta mirar ellos escalan posiciones apoyándose en la falsa moral que lo impregna todo. Este es el caso de Tom Ripley (El talento de Mr. Ripley, 1955) estafador y asesino lleno de talento que triunfa gracias a su capacidad de adaptación a las “reglas del juego”. Hoy es más conocido por sus versiones cinematográficas. También fue el cine quien abrió las puertas de la fama a Patricia Highsmith; su primera novela Strangers on a train (1950, tenía veinticuatro años) fue adaptada por al Alfred Hitchcock un año después de su publicación. Fue una autora incómoda en Estados Unidos y se trasladó definitivamente a Europa donde era más vendible y quizás encontró algo de paz. Murió en Suiza en 1995 dejando más de treinta libros y mucho material inédito esperando a ser disfrutado o “sufrido”.

El caso Millenium. Buscando culpables

Antes de Stieg Larsson había vida. Maj Sjöwall (1935) y Per Wahlöö (1926) escribieron juntos diez novelas que fueron los pilares de la novela policíaca moderna. El matrimonio desarrolló un estilo conciso y absolutamente crítico con el coste social del capitalismo. De esta fuente bebió Henning Mankell, un autor sensible y cotidiano, creador del inspector Kurt Wallander y de personajes femeninos interesantes. Ingrid Noll (1935), Anne Holt (1958), Asa Larsson (1966) y Camilla Läckberg (1974) también forman parte de este un mundo oscuro y frío aún por descubrir.

Los hechos son que la Trilogía Millenium ha vendido más de quince millones de ejemplares en todo el mundo, según las editoriales esta cifra es impresionante. No puede negarse que Stieg Larsson ha abierto la veda.
¿Cómo lo hizo? Por lo visto no usó ningún truco sucio: Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, son personajes completos y magnéticos; ella es una mujer poderosa y él está increíble en su segundo plano, la trama destripa la imagen aséptica de la sociedad sueca y el estilo es capaz de enganchar al ser más apático. Lo que se entiende por una buena novela negra ¿no?
A partir de aquí se admiten opiniones. Pero antes de dejarnos arrastrar por la necesidad, tan humana, de establecer categorías y poner etiquetas, valoremos que este fenómeno (por muy comercial que nos parezca) está despertando la curiosidad de mucha gente, con el peligro que eso conlleva; quizás se aficionen a la lectura o, peor aún, a la novela negra.

Autoras Novela Negra

Fotografía de Concha Laverán. Publicada en el nº50 de la revista Meridiam.

El cuerpo del delito. Novelas de carne y hueso

A este enigma sobre las autoras de novela negra le quedan aún muchas piezas por encajar. Por eso ahora es el momento de dejar que hablen las víctimas.
En el Grupo de Lectura del Centro de Documentación María Zambrano hemos descubierto a ciertas lectoras sospechosas frecuentando bibliotecas y librerías atraídas por este perverso arte.
Entre infusiones y cafés sacan voraces sus libretas y bolígrafos para compartir sus últimas adquisiciones. Miriam Laurini (argentina, exiliada en el 77, con perspectiva de género), Assa Larsson (“nueva ola” sueca), Lourdes Ortiz (Picadura mortal,1979) y Patricia Cornwell han salido a la palestra.

Begoña: “Patricia Cornwell ha degenerado mucho pero las primeras novelas son estupendas.”

Es una autora de las más aclamadas por el público en general (incluso el que no acostumbra a leer a autoras de novela negra). Causa de muerte, Postmortem y El cuerpo del delito son buenos ejemplos de su destreza.

 ¿Qué buscáis en la novela negra?

Graciela: “A mi me gusta que sea humana, que describa mucho a los personajes y que denuncie. Me gusta el ‘thriller’ psicológico, este tipo de intriga. Yo busco un trasfondo psicológico más qué saber quién es el asesino; por ejemplo me gusta mucho Charlotte Link (Ecos del pasado y Después del silencio), me gusta Seff Penney (La ternura de los lobos),… Otra novela que me encantó es Así vuela el cuervo, de Ann-Marie MacDonald, pero yo no la hubiese clasificado como novela negra.
Begoña: “En algunos casos la novela negra te hace jugar; ese juego en el que conoces todas las variables, que te hace participar. Esa es una parte que me gusta. Otra es que lo de menos es quién es el asesino; con Patricia Highsmith sabes desde el principio quién es el asesino pero lo que importa son las motivaciones, que es otro aspecto que me interesa mucho. Y luego hay otra, que es mi favorita, Sue Grafton. Porque yo empecé a leer novela negra por Hammett y Raymond Chandler, entonces esos detectives así, tan políticamente incorrectos, me atraían mucho, y S. Grafton crea a una detective (Kinsey Millhone) también políticamente incorrecta, y a la que le encanta la comida basura, y me gusta, me gusta ese personaje tan fuerte.”
Sue Grafton ha desarrollado el “abecedario del crimen” en una saga de novelas que se titulan cada una con una letra distinta; actualmente va por la “t” de transgresión (T is for Trespass).

Carmen: “Una cosa por la que yo he leído novela negra desde pequeña, es que me permite leer cansada, normalmente el tiempo que tenemos para leer es la noche. Yo llego muy cansada, entonces sólo pido una novela que me haga disfrutar con su literatura, con la forma de escribir, o que me guste la trama. Si me recomiendan un libro siempre pregunto, ¿cuándo lees?, si la respuesta es por la noche, entonces novela negra, para que consigas no dormirte a los 10 minutos, te tiene que captar.”

Graciela: “También hay novela negra muy espesita, por ejemplo Susan Hill es ligera, muy fácil de leer, pero Patricia Highsmith es todo lo contrario, es de las que me gustan a mí.”

 ¿Las autoras aportan algo nuevo al género?

Graciela: “Claro que aportan, mujeres activas, independientes. Para mí es importante leer a protagonistas femeninas porque quiero aire fresco y no que el patriarcado esté tanto en lo que estoy leyendo. Quiero alimentarme de personajes femeninos que creen y viven de otra forma. Yo creo que esto está muy presente en la novela negra de ciertas autoras, cada vez más. Y además yo diría que se valoran mucho otras cualidades femeninas, que no son las de siempre y tienen mucha fuerza. Te vas familiarizando con otra forma de ver la vida en femenino.”

Begoña: “La forense Scarpetta de Patricia Cornwell también es muy descriptiva y tiene una trama muy buena. Hace visibles a mujeres en campos que se suponía…, yo adoro a Miss Marple (Agatha Christie ) pero es una vecina metiche y estas no, son detectives o forenses que se ganan la vida así. Eso sí me gusta, que haya mujeres que investigan. También tienen una visión de conjunto. Se fijan en detalles que sus compañeros pasan por alto por la perspectiva desde la que miran. Dan otra visión de la investigación.”

Ángela: “De eso sí me he dado cuenta. Las mujeres tienen otra forma de mirar. Fred Vargas, aunque use un personaje masculino, mira como una mujer, te das cuenta que detrás hay una autora.”

Fred Vargas es el pseudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau, arqueóloga e historiadora que ha dado vida al inspector jefe Adamsberg.

Begoña:Batya Gur, la israelí, tiene un personaje principal masculino que es muy sensible, que me encanta.”

Begoña se refiere a Michael Ohayon, un detective culto y reflexivo que en cada novela se introduce en un círculo humano específico; El asesinato del sábado por la mañana, Un caso psicoanalítico (1998), Un asesinato literario, Un caso crítico (1999), Asesinato en el kibbutz, Un caso comunal (2000), etc.

¿Os sentís identificadas con las protagonistas de novela negra? ¿Os parecen mujeres reales?

Ángela: “Yo me siento identificada con algunas de sus preocupaciones cotidianas, conflictos de pareja, etc.”
Carmen: “Pero la mayoría de detectives que se crean no tienen marido. La mayoría son mujeres que viven solas, es una etapa en la que descubren que solas viven bien y a partir de ahí se relacionan con el mundo. Cuando por casualidad conviven con su pareja se pone de manifiesto lo difícil que es la convivencia.”
Carmen: “Las mujeres de la novela negra son reales. No están masculinizadas ni son perfectas. Descubren que no necesitan a un hombre para mejorar su autoestima, mantienen una relación cuándo quieren y cómo ellas quieren.”

A veces cuesta encontrar autoras de novela negra en librerías y bibliotecas, porque se publican menos, porque son desconocidas, o porque sus novelas no están catalogadas correctamente. Estas lectoras insaciables dicen que es cuestión de investigar exhaustivamente. En el Centro de Documentación María Zambrano hay una buena colección de novela negra, policiaca y de misterio que crece continuamente gracias a las sugerencias de las usuarias y usuarios de la biblioteca. Aquí van algunas recomendaciones no aptas para corazones delicados:

Begoña: Sue Grafton y su abecedario del crimen.
Graciela: Charlotte Link, SarahWaters, Seff Penney y Alicia Giménez Barlet.
Carmen:
Dorothy L. Sayers, Mary Higgins Clark y Batya Gur.
Ángela:
Anne Perry, Diane Wei Liang, Asa Larsson y P. Highsmith.

Tiempos oscuros y autoras brillantes

Dicen que en épocas de crisis este género prospera, porque es su caldo de cultivo original, y porque queremos evadirnos o, todo lo contrario, buscamos otra forma de denuncia social.

Desde las editoriales la perspectiva es muy optimista. Un gran número de autoras y autores salen a escena experimentando con lo límites del género (si alguna vez los hubo).
Para Ediciones Maeva (que realiza una apuesta interesante por este tipo de libros) “la novela negra ha conseguido convertirse, tras unos años de relativa oscuridad, en un género fuerte y con mucho tirón”.  En cuanto al aumento de la demanda nos comentan: “Siempre ha habido lectores, pero en los últimos años, la falta de buenas colecciones de autores comerciales había llevado a cierto estancamiento”. En Maeva nos aconsejan seguir de cerca a Camilla Läckberg, Mari Jungstedt y Gisa Könne a las cuales publican. También recomiendan a Asa Larsson, Magdalen Nabb, Karin Fossum, Anne Holt y Saskia Noort.

Y desde el Centro de Documentación María Zambrano (CDMZ) nos recomiendan a las grandes señoras del crimen en español. Ni por españolas, ni por mujeres, porque son grandes escritoras de novela negra, simplemente.

A Alicia Giménez Bartlett la adoran en Italia y Alemania, también en el New York Times. Parió a la detective Petra Delicado, una mujer que hace honor a su nombre completo, y desde Día de perros a Un barco cargado de arroz cuenta con adhesiones incondicionales (todas sus obras están en el CDMZ).

Rosa Rivas y su comisaria Cornelia Weber-Tejedor nos traen desde Frankfurt historias llenas de intriga, psicología y cotidianidad. (Interrogad a vuestra bibliotecaria o bibliotecario por Entre dos aguas y Con anuncio)

La policía Clara Deza sabe que detrás de cada cadáver hay una vida y las injusticias le minan la moral, así la ha dibujado Mercedes Castro en Y punto, demostrando de nuevo que se puede ser negra e introspectiva.

Ana Alcolea nos regaló hace unos años Bajo el león de San Marcos (Algaida 2009). La trama se desarrollada en Venecia, hablando del arte dentro del arte y de juegos de espejos. La portada del libro es preciosa y muy representativa.

Reyes Calderón lleva a la jueza Lola MacHor desde Caracas (El expediente Canaima) a una ermita de Pamplona (Los crímenes del número primo) moviéndose con destreza entre la novela histórica y la intriga policiaca.

Cristina Fallarás, periodista, guerrera y gran escritora. Sólo nombraré Así murió el poeta Guadalupe (Alianza, 2009). Después de leerlo no dejaréis de rondar a esta autora.

Y podría seguir con la lista pero me vienen pisando los talones. Espero que nadie decida vengarse de alguna forma por los nombres que no están (ideas sobre cómo hacerlo no les van a faltar).

Un apunte final. El títular de este artículo, Negra y Criminal, se lo debo a la famosa librería de Barcelona que, desde 2002 hasta hoy, ha sido un templo para los amantes de este género. De sus tertulias nació una obra homónima cuyo personaje principal es una mujer “hermosa y seductora”, “capaz de conjugar su negritud con una criminalidad plausible” (comillas extraídas de la web de A. G. Bartlett). La historia está contada por veinticuatro plumas, a modo de “cadavre exquis”, y quiere ser un homenaje a la riqueza del género negro.
Al reeditar este texto para publicarlo en el blog he descubierto que la mencionada librería cerró sus puertas hace diez días, después de trece años de pasión por este oscuro género. Gracias a gente como Montse Clavé y Paco Camarasa, sus fundadores, la novela negra ocupa el lugar de culto que le corresponde. Muchas gracias 🙂

 

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Algunas fuentes:
Centro de Documentación María Zambrano y su Grupo de Lectura.
http://negraycriminal.blogcindario.com (Blog de la librería barcelonesa Negra y Criminal)
Wikipedia
Agencia EFE
Editorial Maeva
Ayuntamiento de Barcelona (http://www.bcn.es/cultura/bcnegra/)
http://www.lecturalia.com
Novela negra, madre nutricia y espacios de sociabilidad: bodegones escritos en femenino (Marina López Martínez)
Y montones de internautas llenos de pasión.
*Negra y Criminal. Una cuestión de género, escrito por Laura León Morillo, fue publicado originalmente en el número 50 de la revista Meridiam, del Instituto Andaluz de la Mujer, en el año 2009 .  Mi intención es ampliar la repercusión de los reportajes que generé para Meridiam. Siempre pensé que sus valiosos contenidos merecían mayor difusión,  reconociendo siempre la apuesta tan interesante que supuso la revista.
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+Pin on Pinterest
Comentarios ( 0 )

    Deja un comentario

    Tu correo electrónico no será publicado. Los campos requeridos son marcados con *